Reflexiones.

La mera y simple existencia.

Hace mucho tiempo que no escribo, demasiado diría yo. Pero es que han pasado muchas cosas. Algunas más y otras menos trascendentes, pero todo son experiencias. Cierto que dije que tenía una corazonada frente al nuevo curso, por ahora sigue en pie. No se me está dando mal, para lo poco constante que puedo llegar a ser.

Doy paso al tema que me preocupa hoy. La existencia. Sé que es, quizás, demasiado intrincado, puede que profundo, para ser tratado a la ligera, por lo tanto no me juzguéis si mis reflexiones son algo incompletas.

La verdad es que este tema lo he empezado a tratar en Filosofía este curso, pero debéis saber que hace mucho que pienso en esto. ¿Qué fin tiene mi existencia? Y no sólo la mía en concreto, sino la de todos y cada uno de nosotros. ¿Por qué cada uno está rodeado de unas circunstancias y experiencias diferentes? ¿Qué es lo que hace que seamos quienes somos? ¿Nosotros mismos o el destino?

Yo, personalmente, no creo del todo en eso del destino. Más bien que cada uno, hasta cierto punto, se trabaja su propio yo, el verdadero. Cierto es que hay ciertas características de nosotros mismos que nos vienen dadas, pero el resto, la gran mayoría, son lo que hemos querido que sean. La vida no es como la fábula del escorpión y la rana.

Había una vez una rana sentada en la orilla de un río, cuando se le acercó un escorpión que le dijo: —Amiga rana, ¿puedes ayudarme a cruzar el río? Puedes llevarme en tu espalda… —¿Que te lleve en mi espalda? —contestó la rana—. ¡Ni pensarlo! ¡Te conozco! Si te llevo en mi espalda, sacarás tu aguijón, me picarás y me matarás. —No seas tonta —le respondió entonces el escorpión—. ¿No ves que si te pincho con mi aguijón, te hundirás en el agua y yo también me ahogaré? Tanto insistió el escorpión que al fin la rana accedió. Cuando habían llegado a la mitad del trayecto la rana sintió un fuerte picotazo. Y mientras se ahogaba, y veía cómo también con ella se ahogaba el escorpión, pudo sacar las últimas fuerzas que le quedaban para preguntarle: —No entiendo nada… ¿Por qué lo has hecho? Tú también vas a morir. Y entonces, el escorpión la miró y le respondió: —Lo siento ranita. Es mi naturaleza.

No somos malos, o buenos, o cualquier otra cosa, por naturaleza. Siempre podemos elegir. Porque eso, en mi opinión, es lo que nos hace verdaderas personas, lo que da sentido a nuestra existencia. No el preguntarse qué hacemos en este mundo, sino el plantearse que, ya que estamos aquí, sea cual sea la razón, vivamos al máximo, aprovechemos, decidamos quiénes somos, qué queremos y qué seremos. No hay que dejarse nada en el tintero, eso sólo hará que nos arrepintamos de no habernos atrevido a hacer lo que realmente deseábamos. A veces es necesario razonar sobre lo que queremos, lo que hicimos y lo que vamos a hacer; otras no hace falta nada más que dejarse llevar por el instinto, hay que experimentar. Porque toda experiencia, buena o mala, no llena, nos hará más humanos, mejores.

Muy cierto es que estas preguntas que he planteado no se han resuelto jamás a lo largo de los siglos, y más cierto es aún que nunca lo harán. Pero el mero hecho de que pensemos en ello nos completa. Es parte de la esencia, de lo que somos. Siempre nos hemos planteado cuestiones que no tienen ni tendrán respuesta, y siempre lo haremos.  Eh, y eso es de lo más interesante.

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