Prosa

Ha pasado demasiado tiempo desde la última vez que escribí.

Esta noche la cama se me antoja más fría que nunca. Será que el final del verano me ha pillado por sorpresa. Es porque no se me dan bien las despedidas.
El caso es que ya está aquí Septiembre, y amenaza con una tarta en la que unas velas indican diecisiete años. No me gustan las tartas. Tampoco me gusta el otoño pero, una vez que llueves por dentro, los chaparrones de fuera te son completamente indiferentes.
Las últimas siete tazas de té no han dado resultado. Quizás es que este agotamiento es emocional. Qué cutre por mi parte. Me dedico a reirme por todo. Es una risa vacía, lejana. Septiembre la escucha, para eso es mi mes. Pero no cambia absolutamente nada. O quizás es que lo está cambiando todo y yo no sé enfrentarme a ello y por eso creo todo es así como muy lejano. Yo no he visto naves arder más allá de Orión, pero me he observado reflejada en esa taza de Earl Grey y creo que mi alma es más explosiva. Para algo soy una egocéntrica incorregible, según me dicen. Que este amor propio va a acabar por matarme si no empiezo a prestárselo un poco a algún posturero que venga a decirme lo bonito que es mi cuello o algo así.
Estoy buscando algo para escribir en blanco sobre mi nueva sudadera negra. Tendré que elegir con cuidado. Si queda demasiado dramático habrá que pegarla con celo encima del cabecero de mi cama, al lado de todas esas frases que mi madre no comprende cuando entra a comprobar qué cojones hago unas tres millones de veces al día.
Pero aquí estoy; ya es la novena taza. Ahora mismo tengo la sensación de que no voy a dormir jamás. Huele a hierba mojada, y eso me recuerda otra vez que el otoño se acerca. Llevo puesto un jersey y sólo espero sacar un papel del bolsillo en el que ponga que estoy escribiendo una mierda y que no lo publique y que a nadie le apetecería verme ahora mismo, sin nada más que ropa interior bajo este jersey. Pero también estoy oyendo el insistente cri-cri de un grillo que parece aconsejarme que publique esta mierda, que fluya, que avance y que me renueve. Voy a seguir su consejo (aunque algunas prefieren hacer caso a otro tipo de bichos).
Ya vale por hoy de marcas rojas de labios en las tazas. Pero, ¿he comentado ya que soy incapaz de conciliar el sueño? Es como si resbalara entre mis dedos, como si escapara, suave pero latentemente. Ya no queda Valium en mi cajón, qué frustrante. Creo que es hora de dejar la pantalla y entregarse al colchón. Me da la ligera sensación de que voy a necesitar una Valeriana. No me juzguéis; el grillo ya ha callado pero estoy segura de que aprobaría esta decisión. ¿Puedo tragar la pastilla con un poco de Bulldog Gin o son ya demasiadas emociones fuertes para hoy?

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