Prosa

Catarsis.

Se ha esfumado, como tú ya soñaste que haría. Y ahora el eco sordo del jazz en el tocadiscos es más crudo y amargo. Ahora tu alma pide napalm a gritos, y tu corazón está desbocado porque pensaste que, corriendo lo más lejos posible, perderías de vista su recuerdo. Pero no ha sido así, aún te persigue. Como una pesadilla recurrente, imaginas de nuevo sus labios sobre los tuyos, y la melancolía se torna en rabia cuando vuelves a la realidad y ves que ya no regresará.
Aún escribes en su honor. Pero ya no envías una sola carta. Las guardas y las quemas cada cierto tiempo; ahora son un vía de escape.
Y deberías borrar las marcas de tinta de tus nudillos porque, cada vez que das un puñetazo, eso que es un recuerdo de sus ojos canaliza toda tu ira. Y así, amor, es imposible olvidar.

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