Prosa

Ąurum

Qué iba a hacer yo si todo lo que sus manos tocaban se convertía en maravilla. Le temblaban los labios al hablar, pero a mi me temblaba el alma.
Y sus palabras rozándome convertían las astillas de mi descompuesto rojo en cristal; cada una de sus verdades (y todas sus mentiras) se clavaban en mi pecho como punzones de gloria o rabia.
Rey Midas de mis sueños, porque tornaba todas mis esperanzas en una pesadez dorada y mortal, y porque sus manos encantadas hacían brillar todo mi ser… Qué triste el marchitarse de un alma rodeada de frescas rosas. O qué tristes las rosas que no se atreven a marchitar.

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