Colaboración, Reflexiones.

Pane et circenses

¿Qué cojones estamos haciendo? Las masas parecen gritar, pero es un grito sordo. Mentiras, traición, decepción. Esta nación no nos representa y aún así no reaccionamos como deberíamos. Revolucionarios de sofá, realizáis crítica vacía y destructiva desde vuestro smartphone, en vez de salir a las calles, con palos, con piedras, con máscaras, y demostrar que es el pueblo quien tiene el derecho y el deber de elegir su destino.

Tenemos que olvidar esta pasividad y entrar en acción; entrar en serio y con todas las consecuencias. No temáis si son pocos los valientes en el inicio. Moveremos masas de la mano de la justicia. Lucharemos por la equidad que nos ha sido arrebatada. Daremos todo por el bien de las generaciones futuras.

Pero movéos, joder, movéos. Que una vara de cáñamo se quiebra sola, pero veinte son irrompibles. Que una voz no se oye en la multitud, pero veinte al unísono rompen la barrera del sonido. No nos dejemos embaucar por tristes promesas de recuperación; exijamos respuestas auténticas.

¿Y la culpa?
La culpa es vuestra y es mía, es nuestra y es de ellos. Es de los que roban sonriéndonos a la cara, de los que lo permitimos dándoles las gracias. Es de los materialistas sedientos de poder, y es de los conformistas cobardes. La culpa reside en que hayamos permitido que la mentira sea ya algo común, y la verdad, fácilmente moldeable; y las promesas, totalmente carentes de significado o valor.
Pero ya lo decían los senadores romanos: voti damnatus, voti condemnatus, voti reus… que el hecho de estar atado a una promesa es un deber por encima de cualquier otra cosa.

Mientras nos damos cuenta de ésto, tristemente, estamos cegados por el pan y el circo.

-Escrito con la fantástica colaboración de Dani Al ritmo del corazón-Wordpress

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Reflexiones.

Humeante tabú.

El grito no cesa -desgarro en la garganta. Y este humo no me intoxica más que el veneno de tus palabras.
Los que llegaron, por suerte ya se fueron.
Hijos del desierto psicológico, no escuchéis las franquezas del viento, hundíos en las arenas del cinismo.
Que yo ya tengo mi tormenta interna y apenas noto esta lluvia resbalando por mis labios.
Y ya he vuelto a sonreír entrecerrando los ojos, y a no hacerme responsable de mis actos, y a evitar las explicaciones. Y volveré a atrapar corazones a punto de caducar, de esos que ya tienen propietaria. Sólo porque he oído que el agua sabe dulce si es robada.

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Asonante, Reflexiones.

Quitar dudas.

¿Recuerdas
la escarcha en las pestañas,
el sol quemándonos
o el olor de las flores?

Yo tampoco.
Pero recuerdo la lluvia
fría
empapando mi pelo
y bajando por tu piel,
y recuerdo las nubes
oscuras.

Hay que esclarecer dudas, antes de acabar al borde del precipicio. No se trata de cobardía o de ser más valiente que los mil que llegaron antes que tú. Se trata de mantenerse en una postura, no de jugar a pretender, o a creer ser más cruel que otros; no da resultado.
Más que las mentiras, lo que no soporto son las verdades a medias.

He escrito mucho más, pero tengo todo sobre papel. Poco a poco.
He releído una de mis obras favoritas de Bukowski y me he sentido obligada a citar uno de sus párrafos.

Escribir te empuja a espacios aéreos, te convierte en un extraño, en un inadaptado. No es raro que Hemingway se volara los sesos por encima del zumo de naranja. No es raro que Hart Crane se tirase a la hélice, no es raro que Charttenton se tomara un matarratas. Los únicos que continuaban eran los que escribían best-sellers, y ésos no estaban escribiendo; ésos ya estaban muertos.

Yo sigo escribiendo igual que hago el resto de las cosas.
Por mí.

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Reflexiones.

Momento lúcido.

He estado pensando, he tenido tiempo para ello. Cierto es, que he sufrido de tristeza momentánea en incontables ocasiones, pero creo que he llegado a una conclusión interesante.
Lo mejor que puede pasarnos cuando deseamos algo es no alcanzarlo nunca plenamente, pues el tener la seguridad de que está en nuestro poder provoca en nosotros una horrible pérdida de interés.
Quizás es sólo mi caso; me mueve mi egoísmo. Pero tengo la sensación de que cierto grado de incertidumbre me mantiene viva.

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Reflexiones.

El detalle.

Me doy cuenta por momentos de la cantidad de cosas inútiles que tengo. He empezado a hacer un poco de limpieza porque, ya sabéis, en esta época nos regalan miles de cosas, y no me gustaría que mi afán por conservar lo que me gustan decline en síndrome de Diógenes, o algo así. Estoy siendo, a mi parecer, emocionalmente fuerte; estoy desprendiéndome de una ingente cantidad de cosas que abarrotaban mis armarios (tengo cuatro, echad un cálculo rápido), para poder guardar en ellos tanto mis últimas como mis futuras adquisiciones.

También me doy cuenta de la cantidad de dinero gastamos en regalos, y me da que pensar. Pienso que muchos van a lo fácil, al típico regalo seguro. Pero opino que, quizás, algo más personal haría más ilusión. Por lo menos a mi. Probablemente la culpa de estos que llamo regalos fáciles sea la falta de tiempo. Es una pena, porque, a veces, buscando e indagando un poco encontramos cosas que no se nos hubieran ocurrido nunca, pero suponen un detalle especial para la persona a quien se lo regalamos y, quién sabe, podría convertirse en una de esas cosas que almacenamos por el simple hecho de que nos recuerdan algo o a alguien. No creo que sea tan complicado, simplemente se necesita algo de tiempo. ¿Sabéis? Un par de entradas a un cineclub apenas cuestan dinero, pero encontrarlas puede significar una sonrisa absolutamente más grata que la provocada por un (carísimo y precioso, por supuesto) jersey – una pequeña y personal situación.

Y extrapolando, desde esta idea de los regalos, yo acabo por pensar que los detalles son de lo más importante. La más mínima expresión facial o el más discreto gesto pueden cambiar completamente el significado de cualquier acción. Es curioso, muchos no se dan cuenta de estas cosas. Se quedan en lo simple, lo banal. Y eso podría suponer el perderse dentro de una conversación o el no averiguar la verdadera intención de la misma; sin duda, es una lástima. Por otro lado, la literalidad en los hechos podría suponer un menor sufrimiento, no sé. Dicen que ojos que no ven, corazón que no siente. Quizás es mucho más sencillo y, para muchos, menos doloroso, el ignorar las segundas intenciones, o el tono ácido de ciertos comentarios.

Yo, por suerte o por desgracia, soy plenamente consciente de la gran mayoría de los detalles. Quizás por eso me cuesta desprenderme de ciertas cosas, quizás por eso salto jodidamente rápido cuando noto el malintencionado trasfondo de una frase. Probablemente ésto me cause más problemas de los que me resuelve. Pero es parte de mi, tengo la sensación de que es lo mejor, y de que me completa.

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Reflexiones.

One day.

Hace ya días que quería escribir, pero con los exámenes no hay tiempo ni ganas. Y, dado cierto acontecimiento, no había valor.

Alguien que yo conocía, una amiga, se ha ido. Para siempre.

Hace ya varios días de ésto, pero aún no soy capaz de hacerme a la idea. Desde que me llegó la noticia, he sufrido momentos de desubicación total, en los que todo me parecía tan profunda y absurdamente irreal que no era capaz de unir dos sílabas. No sé aún si lo he superado, pero creo que el escribir sobre ello me ayuda. A veces, cuando pienso en ello, tengo la sensación de caer en el vacío momentáneamente. No sé el porqué de esta injusta pérdida; puede que no quiera saberlo. Pero sé que me ha abierto, un poco más, los ojos a la realidad.

No apreciamos lo suficiente lo que tenemos, no nos damos cuenta de que, en cualquier momento, nos puede ser arrebatado para siempre y, justo en ese instante, sintamos el arrepentimiento de no haber prestado atención a aquello que era nuestro y que jamás volverá a serlo.

Llega un momento en nuestra vida en el que nos damos cuenta de ello – esperemos que no sea demasiado tarde -. Y tenemos que asumir un sentimiento de culpa por todo lo que hemos dejado de lado. Aunque no sé qué hago dando consejos, yo soy la primera de las culpables. Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

Pero quizás el hecho que he dado a entender en las primeras líneas de esta entrada me haga apreciar más lo que tengo, y no sólo eso, sino que lo demuestre. Me refiero a mi familia y amigos, los que siempre están allí. Aprovechemos nuestra vida, porque un día nos será arrebatada.

Reckoning song, Asaf Avidan & The Mojos.

Reckoning song, Asaf Avidan & The Mojos.

Sintámonos libres, salvajes, capaces de todo, porque más vale pedir perdón que permiso. Y porque así seremos quienes queremos ser, más allá de la duda de nuestro fin; quizás algo que dé un sentido y una emoción a la vida más allá de lo que alcanzamos a comprender. El gran Bob Dylan dijo:

La muerte no llama a la puerta. Está ahí, presente en la mañana cuando te despiertas. ¿Te has cortado alguna vez el pelo o las uñas? Entonces, ya tienes la experiencia de la muerte.

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Reflexiones.

La mera y simple existencia.

Hace mucho tiempo que no escribo, demasiado diría yo. Pero es que han pasado muchas cosas. Algunas más y otras menos trascendentes, pero todo son experiencias. Cierto que dije que tenía una corazonada frente al nuevo curso, por ahora sigue en pie. No se me está dando mal, para lo poco constante que puedo llegar a ser.

Doy paso al tema que me preocupa hoy. La existencia. Sé que es, quizás, demasiado intrincado, puede que profundo, para ser tratado a la ligera, por lo tanto no me juzguéis si mis reflexiones son algo incompletas.

La verdad es que este tema lo he empezado a tratar en Filosofía este curso, pero debéis saber que hace mucho que pienso en esto. ¿Qué fin tiene mi existencia? Y no sólo la mía en concreto, sino la de todos y cada uno de nosotros. ¿Por qué cada uno está rodeado de unas circunstancias y experiencias diferentes? ¿Qué es lo que hace que seamos quienes somos? ¿Nosotros mismos o el destino?

Yo, personalmente, no creo del todo en eso del destino. Más bien que cada uno, hasta cierto punto, se trabaja su propio yo, el verdadero. Cierto es que hay ciertas características de nosotros mismos que nos vienen dadas, pero el resto, la gran mayoría, son lo que hemos querido que sean. La vida no es como la fábula del escorpión y la rana.

Había una vez una rana sentada en la orilla de un río, cuando se le acercó un escorpión que le dijo: —Amiga rana, ¿puedes ayudarme a cruzar el río? Puedes llevarme en tu espalda… —¿Que te lleve en mi espalda? —contestó la rana—. ¡Ni pensarlo! ¡Te conozco! Si te llevo en mi espalda, sacarás tu aguijón, me picarás y me matarás. —No seas tonta —le respondió entonces el escorpión—. ¿No ves que si te pincho con mi aguijón, te hundirás en el agua y yo también me ahogaré? Tanto insistió el escorpión que al fin la rana accedió. Cuando habían llegado a la mitad del trayecto la rana sintió un fuerte picotazo. Y mientras se ahogaba, y veía cómo también con ella se ahogaba el escorpión, pudo sacar las últimas fuerzas que le quedaban para preguntarle: —No entiendo nada… ¿Por qué lo has hecho? Tú también vas a morir. Y entonces, el escorpión la miró y le respondió: —Lo siento ranita. Es mi naturaleza.

No somos malos, o buenos, o cualquier otra cosa, por naturaleza. Siempre podemos elegir. Porque eso, en mi opinión, es lo que nos hace verdaderas personas, lo que da sentido a nuestra existencia. No el preguntarse qué hacemos en este mundo, sino el plantearse que, ya que estamos aquí, sea cual sea la razón, vivamos al máximo, aprovechemos, decidamos quiénes somos, qué queremos y qué seremos. No hay que dejarse nada en el tintero, eso sólo hará que nos arrepintamos de no habernos atrevido a hacer lo que realmente deseábamos. A veces es necesario razonar sobre lo que queremos, lo que hicimos y lo que vamos a hacer; otras no hace falta nada más que dejarse llevar por el instinto, hay que experimentar. Porque toda experiencia, buena o mala, no llena, nos hará más humanos, mejores.

Muy cierto es que estas preguntas que he planteado no se han resuelto jamás a lo largo de los siglos, y más cierto es aún que nunca lo harán. Pero el mero hecho de que pensemos en ello nos completa. Es parte de la esencia, de lo que somos. Siempre nos hemos planteado cuestiones que no tienen ni tendrán respuesta, y siempre lo haremos.  Eh, y eso es de lo más interesante.

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